José Fernández Perito tasador numismático. La historia de la moneda Romana.

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La historia de la moneda Romana.

El origen de la moneda romana deriva de la griega. Dentro de la numismática romana podemos comprender dos épocas diferenciadas claramente: La República y el Imperio.

En la República, las monedas tenían un claro origen helénico. Parece ser que las primeras monedas romanas tuvieron su origen alrededor del 265 a.C., aunque antes de que apareciera la moneda, en Roma ya se utilizaban lingotes de bronce llamados Aes rude o infectum, a los que posteriormente se les unirían otros con un peso determinado y de apariencia casi rectangular llamados Aes Signatum.

La primera moneda romana es el As de bronce y equivalía a una libra latina, o lo que es lo mismo, 273 gramos. Por ello, las primeras de estas emisiones fueron denominadas Aes Grave o Libral. El As se dividía en once onzas y sus submúltiplos eran el  Semis (medio As), el Trines, el Cuadrante, el Sextante y la Onza. Entre los múltiplos del As se encontraban el Dupondio, equivalente a dos ases, el Tripondius y Quadrusius.

En la época republicana, eran característicos en las monedas encontrarse con las representaciones en sus anversos de proas de naves, así como en el anverso distintas divinidades.  Como hemos dicho anteriormente, las primeras monedas romanas tuvieron un claro estilo helénico, modelo que acabó de suprimirse hacia el 268 a.C., acuñando Roma por primera vez una moneda de plata con su topónimo, formas y estilos totalmente romanos. Había nacido el Denario.

Al denario le acompañaron otros nuevos tipos de monedas, como el Quinario y el Sestercio. La cabeza de Roma con yelmo en el anverso y los Diocuros  con caballo al galope en el reverso fueron formas muy características utilizadas en estos tipos de monedas. No tardarían mucho tiempo en aparecer en las monedas de plata distintas figuras de divinidades,  la antigua historia de Roma, o  nombres de magistrados. También es característico de la moneda republicana, que en ninguna de ellas se encuentre nunca el retrato de alguien vivo hasta Cesar, que precisamente, obtuvo ese privilegio por parte del senado, de incluir su imagen en las monedas meses antes de fallecer.

Curiosamente con Cesar, Roma vive una época gris gracias a las guerras civiles para conquistar el poder, quedando reflejado esto en las monedas tras la batalla de Actrum, despareciendo de la escena política Marco Antonio, ultimo enemigo de Octavio, quien se adueñó de Roma y fue nombrado Augusto en el 27 a.C.

Una vez finalizada la República y con el advenimiento del Imperio por parte de Augusto, Roma procedió a partir de ese momento a la acuñación de series de monedas con la imagen del los distintos emperadores que se iban sucediendo.

Los metales utilizados para la fabricación de las distintas monedas iban desde el oro y la plata (acuñación privativa del Emperador hasta el 476 d.C.) hasta el bronce, el cobre y oricalco. Curiosamente, el Senado a través de su Casa de la Moneda, hizo acuñar monedas
de bronce y oricalco, acuñación similar al latón.

La moneda mayor del Imperio fue el Sestercio, o bronce grande, y su valor adquisitivo correspondía al de la cuarta parte de un Denario. Por otro lado, nos encontramos con el Dupondio, y equivalía a medio Sestercio, circulando aproximadamente hasta el año 251 d.C. El valor del As era de medio Dupondio.

Bajo el reinado de Caracalla (211 – 217 d.C.) se acuñó otro tipo de moneda: el Antoniniano. Esta moneda equivalía a dos denarios y aunque al principio fue de plata, con el paso del tiempo pasó a quedar como una simple moneda con un pequeño baño de plata.

Más tarde aparecería en escena el Follis, de valor similar que el Antoniniano y acuñada bajo el mandato de Diocleciano (284 – 305 d.C.).

El Áureo fue la moneda de oro bajo el Imperio desde los tiempos de Julio César hasta la de Constantino el Grande, quien la reemplazó por otra moneda de oro: el Sólido. De tamaño igual que un Denario, su valor equivalía a veinticinco veces mas que éste.

En el año 476 de nuestra era, Rómulo Augusto es vencido por los Teutones, quedando el Imperio Romano de Occidente en poder de los Bárbaros y originando la caída de Roma.

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