El pergamino que está revelando los secretos de Herculano, la “hermana culta” de Pompeya

El pergamino que está revelando los secretos de Herculano, la “hermana culta” de Pompeya

 

Descifrar los pergaminos de Herculano, antigua ciudad romana cuya élite se considera más culta que la de Pompeya, ha sido uno de los grandes retos de la ciencia. Estos rollos carbonizados son el único testimonio del antiguo Mediterráneo.

Desde su descubrimiento en el siglo XVIII investigadores se han dado a la tarea, sin mucho éxito, de descifrar estos documentos que se deshacen con tan solo mirarlos.

Ahora, gracias a los avances tecnológicos, expertos no sólo han podido descifrar un poco más su contenido, sino que descubrieron que ya para el año 79 d.C. se utilizaba tinta metálica.

El hallazgo retrocede unos cuantos siglos atrás la fecha en que empezamos a usar este tipo de tinta.

Los pergaminos de Herculano quedaron enterrados y carbonizados por la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C.

Antes de la catástrofe, Herculano era un elegante balneario en la Bahía de Nápoles, donde muchas familias importantes de Roma descansaban y se recuperaban durante el verano.


Allí también exhibían su superioridad cultural los romanos más ricos, como Lucio Calpurnio Pisón, suegro de Julio César.

La gran villa de Pisón, conocida como la Villa de los Papiros, es donde se encontró la única biblioteca sobreviviente del mundo clásico. Es una colección relativamente pequeña, de unos 2.000 rollos, que la erupción casi destruyó pero preservó simultáneamente.

Una explosión de gas del volcán a 400°C carbonizó los rollos de papiro, antes de que la ciudad quedase enterrada bajo una fina ceniza volcánica que después se enfrió y solidificó.

Cuando los excavadores y cazadores de tesoros exploraron la villa en el siglo XVIII, confundieron los rollos con trozos de carbón y troncos quemados, y usaron algunos como antorchas.

Una vez que se dieron cuenta de lo que eran, el desafío fue ver cómo abrirlos.

Durante siglos, se han utilizado distintas técnicas que muchas veces han dañado o destruido algunos de estos rollos.

Ahora, la tarea de leer los pergaminos que quedan está en las manos de científicos que utilizan una tecnología conocida como el sincrotrón europeo, que produce rayos X 100.000 millones de veces más fuerte que la luz de los rayos X de los hospitales.

Esta técnica permite “leer” los pergaminos sin necesidad de separar las hojas.

Image caption En el papiro se han podido identificar letras curvas

Y ahora no sólo están empezando a dilucidar algunas letras sin tener que desenrollar los papiros sino que han detectado niveles altos de plomo en los pergaminos que piensan viene de la tinta usada.

“Encontramos algo de metal -plomo- en la tinta, que supuestamente solo se empezó a usar cuatro siglos más tarde”, le dijo a la BBC el doctor Emmanuel Brun, del sincrotrón europeo en Grenoble, Francia.

“Lo que se cree es que los romanos introdujeron la tinta de metal en el siglo IV”.

La periodista de ciencia de la BBC, Helen Briggs, afirma que hasta ahora se pensaba que la tinta que se utilizó para los manuscritos era a base de carbón.

Texto invisible

El estudio, que aparece en la publicación estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences, ayudará a investigar mejor estos rollos con la ayuda de la luz generada por el sincrotrón.

“El descubrimiento es interesante por los aspectos históricos, pero también para nosotros para revelar el contenido de los papiros”, comentó Brun.

Las distintas fases del estudio actual sobre la tinta nos ayudará a optimizar los siguientes experimentos para leer el texto invisible que esconden estos papiros“.

Se cree que la mayoría de estos pergaminos contienen trabajos filosóficos en griego, y otros incluyen comedia en latín.

Para el profesor en papirología y literatura griega Dirk Obbink, este estudio puede “pavimentar el camino del futuro”.

“Hasta ahora no esperaba leer el contenido de estos rollos sin dañarlos. Pero ahora podré”, agregó

Almirante Blas de Lezo, con sólo tres mil hombres y seis navíos a su cargo

 

Al almirante Blas de Lezo, con sólo tres mil hombres y seis navíos a su cargo, se le ha encomendado la defensa de Cartagena de Indias. Frente a él se prepara el desembarco más audaz de todos los tiempos: Inglaterra ha enviado doscientas naves y casi treinta mil hombres para arrasar la ciudad. Cualquiera en su sano juicio se habría rendido de inmediato. Cualquiera excepto Lezo. Blas de Lezo es Mediohombre, el estratega más genial de todos los tiempos. Esta es su historia y la historia de una defensa heroica y singular: el Sitio de Cartagena de Indias. Una gran novela de aventuras, en la que una brillante reconstrucción del hecho histórico y un ritmo trepidante mantienen al lector enganchado de la primera a la última página, acercándonos a un episodio olvidado de la Historia en el que se impusieron el ingenio y el valor.

EL TASADOR: Definición

EL TASADOR: Definición

Una buena definición de tasador es una persona con buena reputación, encargado de preparado supervisar un informe de valoración, con buena reputación que puede demostrar:

  1. Estar en posesión del título o cualificación para desempeñar el informe.
  2. Suficiente conocimiento de la materia a tratar en el informe.
  3. Cumple todos los requisitos legales, reglamentarios y éticos para realizar el cometido.
  4. Tiene la cobertura de un seguro de responsabilidad profesional adecuado.

 

Un tasador (en inglés: appraiser, del latín appretiare, «valorar», mientras que en español actual la valoración económica de algo suele ser denominada tasa) es quien determina el valor de una  propiedad mueble o inmueble. En Inglaterra el negocio del tasador generalmente es acompañado por el del subastador, también la palabra tiene un significado similar, significa  “valuador.”

En los Estados Unidos, el uso común se refiere a la tasación de muebles e inmuebles, también este término es utilizado para describir a la persona nombrada por un juez o autoridad judicial para realizar la valuación  de una propiedad, p. ej. los elementos de un inventario de los bienes tangibles (IRS ley) de una persona difunta o sobre una tierra tomada para propósitos públicos por dominio eminente (Estado). Los tasadores de bienes importados y los consejos de tasadores generales poseen amplias funciones en administración de leyes aduaneras de los Estados Unidos. A veces, en los lugares donde no existen tasadores residentes, se nombran temporalmente Tasadores Comerciales basados en  las leyes de ingresos para hacer valuaciones, evitando mantener oficinas de tasadores.

Tasador de Bienes

La naturaleza del trabajo (Departamento de la Oficina de Trabajo de Estadísticas Laborales de EE.UU.) de los tasadores y valuadores de bienes raíces es estimar el valor de inmuebles para una variedad de propósitos, como valuar para el impuesto de la propiedad, determinar el precio de venta, o determinar el valor de una hipoteca que podría ser concedido a una propiedad. Los tasadores pueden ser llamados a tasar el valor de cualquier tipo de bienes inmuebles, que van desde las tierras agrícolas a un importante centro comercial, a pesar de que generalmente se especializan en valuar solo un determinado tipo de bienes inmuebles como edificios residenciales o propiedades comerciales. Los valuadores realizan la valuación de todas las propiedades en una  localidad a fin de determinar los impuestos a la propiedad, mientras que los tasadores valúan las propiedades de una  a la vez con diversos fines, tales como determinar que precio de venta de una casa podría ser bueno, resolver una herencia o ayudar en un acuerdo de divorcio.

 

Las valuaciones de todo tipos de inmuebles  son realizadas utilizando métodos similares, independientemente de quien emplea al tasador o valuador. Estos trabajan en localidades donde están familiarizados, por lo tanto conocen los problemas del medio ambiente u otro tipo de problemas que puedan afectar el valor de los inmuebles a tasar. Ellos notan las características únicas de las propiedad y del área circundante, tales como el estilo arquitectónico concreto de un edificio o la localización de una carretera importante cercana. También tienen en cuenta aspectos adicionales de una propiedad  como el estado de los cimientos, el estado de los techos o cualquier renovación que pueden haber sido hechas. Además, pueden tomar fotografías del interior de un edificio con el objetivo de documentar el estado de una habitación o característica particular, como así también de los exteriores del edificio. Después de visitar la propiedad, el tasador o valuador determinará un  valor razonable del inmueble, teniendo en cuenta cosas tales como la venta de casas similares , los registros de arrendamiento , la ubicación, las valuaciones anteriores y los ingresos potenciales. Luego, arman un informe detallado de todas sus investigaciones y observaciones, indicando no sólo el valor de la parcela , sino también el razonamiento y la metodología que utilizaron para llegar a la estimación.

 

Los tasadores tienen clientes independientes y se enfocan en la valuación de una propiedad a la vez. Principalmente trabajan en una relación  cliente a cliente y realizan valuaciones por varias razones. Los tasadores de inmuebles generalmente se especializan por el tipo de propiedades que tasan, como propiedades residenciales, campos de golf, o centros comerciales. En general, los tasadores comerciales tienen la capacidad de valorar cualquier inmueble pero generalmente solo valoran propiedades utilizadas para fines comerciales, como tiendas u hoteles. Los tasadores residenciales se enfocan en la valuación de casas u otras residencias y solamente tasan aquellas casas que tienen entre 1 a 4 familias. Otros tasadores tiene una práctica general y valúan cualquier tipo de Inmuebles.

 

Los valuadores preferentemente trabajan para los gobernantes locales y son los responsables de la valuación de propiedades para una fórmula de impuestos que puede ser usada para evaluar impuestos de propiedad. A diferencia de los tasadores, los valuadores valúan barrios enteros utilizando técnicas de valuación  masiva para valorar todas las casas en un barrio en una sola vez. A pesar de que ellos normalmente no se enfocan en una sola propiedad pueden hacer la valuación particular si el dueño de propiedad desafía la estimación realizada. También pueden utilizar computadoras para realizar una valuación automatizada utilizando un programa con un modelo de valuación para su jurisdicción. En la mayoría de las jurisdicciones la comunidad se revalúa anualmente o cada pocos años. Dependiendo del tamaño de la jurisdicción y la cantidad de personal en la oficina de valuaciones, una empresa de tasación, usualmente convoca a una empresa de revaluación, ésta puede hacer el trabajo de valuar las propiedades en la jurisdicción. Luego estos resultados son oficialmente certificados por el valuador.

 

Cuándo se evalúan las propiedades, los evaluadores emiten avisos de las valuaciones y los impuestos que cada propietario debe pagar. Los valuadores deben estar al corriente de los procedimientos de valuación de impuestos y deben ser capaces de defender sus valuaciones, ya sea ante el propietario directamente o en una audiencia pública , esta defensa debe ser hecha cuidadosamente, ya que los evaluadores también son responsables de hacer frente a los contribuyentes que quieran impugnar los impuestos a su propiedad. Ellos también mantienen una base de datos de cada parcela en su jurisdicción identificando el dueño de propiedad, la valuación fiscal emitida y el tamaño de la propiedad, así también como mapas de propiedades de la jurisdicción con el detalle de su la distribución en la jurisdicción.

 

Los tasadores y valuadores escriben un informe detallado de cada valuación que realizan. La escritura de estos informes son más fáciles y rápidos desde que se utilizan computadoras portátiles, ya que los informes pueden ser escritos y accedidos en el sitio de la valuación. Otra tecnología que ha impactado positivamente en este negocio han sido los mapas electrónicos, hechos por las oficinas de valuación, de una dada jurisdicción y la distribución de sus propiedades  respectivas. Los tasadores y valuadores utilizan estos mapas para obtener una perspectiva más precisa de la propiedad y los edificios que la rodean. También son usadas generalmente cámaras digitales para documentar el aspecto físico de un edificio o la tierra en el tiempo que se realizó la evaluación, además las fotografías son utilizadas para la documentación del informe.

Presentado el libro Bajo el Fuego y sobre el Hielo, la Sanidad Militar en la División Azul

Mi buen amigo el Doctor Juan Manuel Poyato Galán a publicado un gran libro que no puede faltarnos en la librerias de los amantes de la historia de la DIVISION AZUL.
El Dr. Poyato presenta en Sevilla Bajo el Fuego y Sobre el Hielo, la Sanidad Militar en la División Azul en el frente más letal de la Segunda Guerra Mundial.

Con un aforo de casi trescientas personas se presentó en la Facultad de Geografía e Historia de Sevilla el libro del prestigioso urólogo Juan Manuel Poyato Galán (Sevilla 1970), que debuta como escritor con Bajo el Fuego y sobre Hielo, la Sanidad Militar en la División Azul. La obra, originalisima por planteamiento y temática, está recién publicada por la editorial Actas y es una investigación profunda y científica sobre la historia, organización y funcionamiento del cuerpo médico que acompañó durante la II Guerra Mundial a la División Azul en el frente de Rusia de 1941 a 1943. Una sanidad española de guerra de tal eficacia que fue admirada tanto por los alemanes como por los soviéticos.

El autor, con información recopilada en los archivos oficiales británicos, norteamericanos, alemanes, rusos y españoles así como con datos inéditos cedidos por fondos y colecciones privadas, ofrece un material fotográfico y documental fascinante. Poyato afronta con ello un completo estudio de aquella logística médica diseñada para afrontar una empresa de dimensiones excepcionales. Una gran erudición que se hace amena al lector gracias a testimonios intercalados, vivencias recogidas, e incluso anécdotas que fluyen con una redacción impecable.

En más de 600 páginas va detallando y analizando los medios humanos y materiales empleados para poder prestar un servicio de calidad y paralelamente, poder convivir con una meteorología despiadada en el frente de mayor letalidad de toda la contienda mundial; hecho confirmado por estadísticas que contabilizan 25.000 bajas entre fallecidos, heridos, enfermos, congelados, mutilados, prisioneros y desaparecidos.

Poyato abrió una interesante argumentación introductoria hablando de como la Segunda Guerra Mundial había sido un hito en la civilización, un conflicto bélico sin parangón que acuñó palabras hoy muy en boga como genocidio y Holocausto. Se remontó al Paleolítico para hablar de que la guerra era consustancial al género humano, pasó al Neolítico, a Grecia, a la Roma clásica y explicó como en la antigüedad los enfermos eran abandonados como alimañas para que se murieran de dolor. Avanzó que no fue hasta 1474 cuando los Reyes Católicos en la batalla de Toro frente a Portugal instalaron carpas con personal específico para asistir a los heridos y hasta 1492, año en que la Reina Católica crea hospitales específicos de campaña, que tendrían especial significación en los tercios de Flandes, Citó episodios como la guerra de Cuba (en la que tuvo una especial significación la presencia de Ramón y Cajal), la guerra de África -las guerras del Marruecos español- sin parangón hasta la fecha y el revulsivo que supuso  la Guerra Civil española  en la sanidad militar con la presencia de hospitales volantes y los bancos portátiles de sangre que afirmó que eran un invento genuinamente español que incorporarian posteriormente todos los países europeos.

Para cerrar, tuvo unas palabras para la sanidad militar española actual calificándola como “una de las mejores del mundo que atiende en tiempo record en cualquier lugar,  expertos en telemedicina, en evacuación medicalizada, así como en la guerra bacteriologica”.

 

Detalle de la presentación
Mesa de la presentación del libro.

 

La Sanidad Española en el Frente del Este, el más letal

Una vez repasada la historia de la Sanidad Militar, Poyato entró en el llamado Frente del Este y en el reclutamiento de la unidad sanitaria en España. Participaron tanto profesionales en activo con gran experiencia que habían adquirido en la Guerra Civil Española, como sanitarios de la última promoción, médicos civiles en distintos escalafones y estudiantes de enfermería. En Alemania estuvieron alojados en bases avanzadas en la zona de Baviera donde recibieron un entrenamiento teórico y práctico y gozaron de material puntero, como ultrasonidos para detectar la metralla, microscopios, potabilizadores de agua, estructura para infusiones de sangre y fracturas. La mayoría de los suministros procedían de las casas Bayer y Siemens.

El autor también señaló como hubo avances médicos españoles que adaptarían los alemanes como un especial artilugio para evitar la congelación, que consistía en una caja de madera con ladrillos al fuego incandescente. Otra de las innovaciones españolas fue los unos clavos especiales de fractura para fijar los huesos a modos de varillas de paraguas que su introductor bautizó como “método español”, pero hoy en día se conocen con el nombre de “Agujas de Kirschner”. Otro sistema también  español muy eficaz fue el buscador de metralla en los cuerpos, que los alemanes diagnosticaban mediante ultrasonidos pero los españoles hacían de forma más sencilla que calificaban “metrallita” que consistía en una radiografía de frente y de perfil con tela metálica y triangulando la localizaban más rápido y  con menos coste.

Y dado que gran parte de las muertes no eran sólo producidas por las acciones bélicas sino también por las nieves, fangos y nubes de mosquito, otro aspecto que abordó el autor  fue el de las enfermedades subsiguientes, el tifus, la disentería, fiebre, diarrea, neumonía y el fundamental papel que ejercía el control de las aguas residuales. Afirmó categóricamente que los sanitarios españoles fueron expertos en curar no solo las heridas producidas por explosiones o balas sino también por parásitos gérmenes e incluso dolencias psiquiátricas cómo la ansiedad o lo que hoy se llama “neurosis de guerra”. Contó la anécdota que dada la flexibilidad del frente a veces los hospitales de campaña podían pasar de un frente a otro sin dejar de operar. Cuando los heridos y enfermos eran evacuados a retaguardia lo hacían en trenes hospitales con quirófanos portátiles e incluso existió también la evacuación aérea en estas fechas.  Poyato tuvo sentidas palabras hacia  los enfermeros, que pertenecían a la Cruz Roja, a Falange o a las damas de Sanidad, y citó  a doña Mercedes Milá, la jefa de enfermeras y familiar de los conocidos periodistas que ejerció una labor muy meritoria. Destacó el altruismo de las enfermeras voluntarias sin salario que cuidaban a los enfermos con calidad y calidez y valoró  también el máximo respeto de los soldados hacia ellas, no existiendo ni un solo caso de acoso o similar.

Para terminar señaló y lo ilustró con imágenes, cómo el ejército español y la sanidad española también atendieron al pueblo ruso, a civiles en los hospitales y sobre todo a  embarazadas y niños pequeños a los que daban caramelos de vitaminas e incluso suministraban medicinas a los médicos soviéticos. También atendieron a la población judía, lo que costó graves  fricciones con los alemanes.

Lienzo de Ferrer- Dalmau
La División Azul, un tema de interés
Intervinieron en el acto  como presentadores el profesor Parejo, experto en historia de la República y Falange, el teniente coronel Gil Honduvilla doctor en Historia y por último Leandro Alvarez Rey, catedratico de Historia Contemporánea, que hicieron un breve resumen de lo que significó la División Azul dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial. Los presentadores calificaron el libro de Poyato de “un trabajo digno de tesis doctoral” e incidieron en el gran interés que despierta la División Azul  que se ha convertido en uno de los temas de los que más se ha escrito en las últimas décadas. De hecho existen libros puntuales correspondiente a cada unidad como El batallón Román 269 de F. Carrera y  el pintor Ferrer Dalmau- autor de los lienzos más épicos de la División Azul- el libro Un músico en el frente de artillería ,el de Andrés y Andrés del Regimiento de transmisiones, el de Guillermo Díaz del Río en el de Zapadores, y que incluso los capellanes también tienen su propio libro. Sólo faltaba el de la Sanidad, que es el capítulo que vendría a cerrar el libro de Poyato.
Juan Manuel Poyato Galán (Sevilla, 1970) es doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Urología y Transplante del Hospital General de Jerez de la Frontera (Cádiz), y académico correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. Cerró su disertación dando gracias en especial a  Bravo Ferrer, Rodríguez de la Borbolla, Cogollo y César Ibáñez  y como homenaje a aquellos hombres y mujeres, parafraseó finalmente al republicano Chaves Rey dedicándoles las palabras “ser español es profesar la fe en el heroísmo” . Bajo el Fuego y sobre el Hielo no es sólo una rigurosa investigación de la sanidad militar en la División Azul, sino un documento imprescindible en la Historia de la medicina de guerra, escenario de muchos avances médicos capitales y que desgraciadamente,según Hipócrates, es “la mejor escuela del cirujano”. Un libro muy completo y complejo, exquisitamente editado por la editorial Actas y que dada su transversalidad interesará a un amplio espectro de lectores. La historia de aquellos olvidados que lucharon bajo el fuego y sobre el hielo contra el bolchevismo en el bando equivocado.

 

La tumba de Tutankamón

La tumba de Tutankamón tiene dos cámaras secretas que contienen metal y material orgánico

Egipto confirma la existencia de espacios desconocidos en la tumba del faraón

Vista del sarcófago de Tutankamón en Luxor. KHALED DESOUKI (AFP) | ATLAS
Según los resultados del análisis no intrusivo con radar realizado por el experto japonés Hirokatsu Watanabu y presentado ayer por el Gobierno egipcio, existen dos espacios vacíos detrás de los muros norte y oeste de la cámara funeraria de la tumba, ocultos tras las pinturas. Detrás del muro norte, se ha detectado un hueco o nicho de hasta 1,5 metros de diámetro y 2 metros de profundidad, detectado con rayos infrarrojos, y el escaneado reveló también que en la misma pared existe un hueco, quizás una puerta de acceso a la cámara oculta, que fue cubierto con material más ligero que el resto de las paredes hechas de piedra maciza. El escaneado ha detectado materiales metálicos y orgánicos en esos espacios.

A partir de aquí todo es posible. Hay que recalcar que el solo hecho de la existencia de espacios ignotos en la tumba de Tutankamón resulta sensacional. El sepulcro hallado en 1922 por Carter es una de las estructuras más conocidas y representativas del patrimonio mundial y seguramente el lugar emblemático de la historia de la arqueología. Cualquier cambio en lo que se conoce de esa tumba —su planta, propósito o contenido— debe calificarse de extraordinario.

El ministro de Antigüedades egipcio Mamdouh Eldamaty, que presentó ayer los estudios, explicó que se realizarán más análisis con otros expertos internacionales. Solo entonces se discutirá la posibilidad de entrar en los espacios hallados, y por dónde. Oficialmente, Eldamaty no ha elevado su porcentaje de seguridad de que haya algo detrás de los muros: se mantiene en el 90 %. Pero extraoficialmente habla de cámaras, corredores y posible continuación de la tumba. Su precaución ahora, que resulta curiosa, puede obedecer tanto a un repentino escepticismo como al vértigo ante la tarea que le aguarda. En todo caso quedan muchos pasos que dar —y la prudencia es fundamental: no se puede agujerar la tumba como un gruyere— y esto puede durar mucho. Hay que armarse de paciencia.

Una hipótesis plausible es que los espacios sean cámaras no acabadas de la tumba cuya construcción se habría detenido al morir inesperadamente, muy joven, Tutankamón. Eso explicaría que KV 62 (la denominación oficial) fuera tan pequeñita y estuviera tan abarrotada de objetos: no hubo tiempo de hacer un sepulcro adecuado. Las señales de materiales metálicos y orgánicos (si no son latas o algún perro muerto) podrían corresponder entonces a herramientas abandonadas y a algunos objetos ceremoniales (ofrendas, sustancias de momificación) desechados o sobrantes.

Es oportuno recordar la pequeña tumba KV 63 hallada en 2005 a escasos metros de la de Tutankamón por el equipo del recientemente fallecido Otto Schaden y que resultó ser un almacén o depósito de material relacionado con la momificación (incluidos ataúdes). Podría ser que los espacios desconocidos de la tumba de Tutankamón guardaran objetos semejantes.

Otra posibilidad es que sean verdaderas cámaras acabadas que hubieran quedado desvinculadas de la tumba por alguna razón, por ejemplo por estar destinados el sepulcro a otra persona (siempre vinculada con la realeza) y que se reaprovechara, en parte, para Tutankamón cuya tumba propia en realidad no sería esa. En ese sentido se ha apuntado que la Tumba de los Monos (WV 23) en el ramal occidental del Valle de los Reyes era la destinada a Tutankamón y la usurpó su sucesor Ay.

De ser así, de ser Tutankamón un dorado okupa en una tumba que no era la suya podríamos encontrar otro enterramiento en las cámaras ocultas. Que sea el de la reina Nefertiti, como propone muy osadamente Nicholas Reeves, es aventurarse demasiado. Aunque una vez empiezan a suceder cosas extraordinarias nada impide que la sorpresa se convierta en una gran sorpresa.

Volviendo atrás, si los espacios ocultos (que por una razón u otra se quiso que quedaran completamente escondidos) fueran cámaras adyacentes de la tumba de Tutankamón (como lo eran el Tesoro y el Anexo), quizá estuvieran destinados a guardar materiales muy especiales (aunque uno se pregunta qué hay más especial que la momia del propio faraón). Podríamos especular con que se tratara de objetos incómodos, relacionados con la herejía amarniana de la que había apostatado —al menos formalmente— Tutankamón. ¿Podrían estar ahí también los famosos papiros que Carter buscó sin hallarlos y que nos revelarían la historia de esa fascinante etapa del Egipto faraónico? Por soñar…

Hay que recordar que el Valle de los Reyes, como Egipto en general, es capaz de alumbrar las cosas más maravillosas y de propinar los desengaños más brutales. De lo primero da fe el hallazgo por Carter de la tumba de Tutankamón, o la excavación por Kent Weeks de la inmensa tumba colectiva de los hijos de Ramsés II (KV 5). De lo segundo, el fiasco de la excavación del túnel al final de la tumba de Seti I o la decepción de no encontrar momia alguna en KV 63, pese a que todo el mundo estaba convencido de que en sus ataúdes aparecería alguna princesa (ya entonces se especuló con Kiya, Ankesenamón o Meritatón). Aunque todo invita a tener grandes esperanzas, hay que recordar el chasco de Carter con la Tumba del Caballo: tras encontrarla con los sellos intactos y convocar para su apertura resultó que estaba vacía: los ladrones habían entrado por el techo

Las Navas de Tolosa: cuando los españoles, unidos, lograron lo que parecía imposible

800º aniversario de la victoria hispana sobre los musulmanes almohades

Las Navas de Tolosa: cuando los españoles, unidos, lograron lo que parecía imposible

Hoy es un día muy especial por dos razones. La primera la celebramos cada año: el día de la Virgen del Carmen, patrona de la Armada Española (mi felicitación a todos sus miembros y a todas las gentes del mar). La segunda viene en forma de centenario: tal día como hoy hace 800 años los ejércitos cristianos vencían en batalla a los musulmanes almohades en Las Navas de Tolosa, en la actual provincia de Jaén. Aquel fue uno de los hechos más trascendentales de todos los ocurridos durante la Reconquista de España al Islam.

Para que nos hagamos una idea de como fueron las cosas tenemos que remontarnos a finales del siglo XII, en pleno apogeo del imperio fundamentalista islámico de los almohades, que se extendía por todo el Norte de África y el Sur de la Península Ibérica. En el año 1195 las fuerzas de los almohades se enfrentan en Alarcos (Ciudad Real) a las tropas del Rey Alfonso VIII de Castilla. Los castellanos acuden en solitario a una contienda contra un enemigo muy superior en número, y la cosa acaba en desastre para los cristianos. La batalla frena en seco la Reconquista durante casi dos décadas y agrava la ya seria amenaza almohade no sólo para los reinos cristianos de la Península Ibérica, sino también para los del Sur de Europa.

Como en otros momentos de nuestra historia, los enemigos no se conforman con ganar en los campos de batalla. La acción de los almohades se dirige también a promover los enfrentamientos entre reinos cristianos, firmando un tratado de paz con León -fruto del temor del Rey Alfonso IX a verse invadido por los fanáticos mahometanos- que le lleva a la guerra con Portugal y Castilla. En la primera década del siglo XIII los reinos cristianos de la antigua Hispania romana presentan un aspecto lamentable de división y enfrentamientos que es propicio a una nueva ofensiva musulmana. Los almohades lo saben y empiezan los preparativos para un ataque que les puede abrir las puertas de Europa. La amenaza lleva al Rey castellano -que aún tenía muy presente la derrota de Alarcos- a proponer una alianza con los demás reyes cristianos. Pedro II de Aragón acepta, y Sancho VII de Navarra también, aunque a regañadientes. El Rey leonés, enemigo del castellano, y Alfonso II de Portugal no irán a la batalla, pero permitirán a sus súbditos acudir al llamamiento de cruzada apoyado por el Papa Inocencio III.

La imagen de unidad que forma el ejército hispano es una de las más admirables de toda la Reconquista. Además de caballeros de las órdenes militares de Santiago y Calatrava, junto a lazaristas, templarios y hospitalarios, están allí las tropas castellanas, tanto las reales y nobiliarias como las milicias de diversos concejos: forman el grueso del ejército y llevan como comandante a un vasco, Diego López II de Haro, Señor de Vizcaya. Están también los aragoneses con sus valerosos almogávares. Aunque sin sus respectivos reyes, también están allí miles de portugueses y muchos súbditos leoneses, asturianos y gallegos de Alfonso IX de León. De Navarra acude una mesnada pequeña, con su Rey a la cabeza. Además llega a España una gran mesnada de caballeros europeos, conocidos como “ultramontanos” por venir de más allá de los Pirineos. En mayo de 1212 estas tropas europeas, en su mayoría francesas, asaltan la judería de Toledo. Muchos caballeros españoles, así como la población toledana, las autoridades eclesiásticas castellanas y el mismo Alfonso VIII salen en defensa de los judíos y a causa de ello la práctica totalidad de los ultramontanos, enfadados, abandonan la cruzada y se vuelven a sus países, dejando a la hueste hispana en un serio apuro.

Los cristianos se enfrentan a un enemigo numéricamente muy superior y la victoria parece casi imposible. El terreno da ventaja táctica a los musulmanes y el comienzo de la batalla es desastroso para los hispanos: con la primera línea rodeada por los almohades, sufren fuertes bajas y todo parece apuntar a que se repetirá el desastre de Alarcos pero con una mayor magnitud. La segunda línea cristiana también se ve superada y empieza la desbandada de sus tropas. La última línea entra en acción, con los monarcas a la cabeza, en una de las cargas más desesperadas de toda la historia militar española. Los reyes cristianos y sus caballeros hacen una galopada furiosa hacia una muerte probable o una victoria insegura. Su valor da ánimos a unos combatientes españoles que ya se daban por vencidos, y la batalla cambia de signo. La pequeña tropa navarra irrumpe como un torbellino hasta el real del Miramamolín, rompiendo el Rey Sancho la línea de esclavos encadenados que rodeaban, a modo de guardia personal, al caudillo musulmán. La carnicería es terrible y el Miramamolín huye. Su ejército se desintegra.

La Batalla de Las Navas de Tolosa supone el comienzo del fin para los almohades y el inicio de la decadencia del dominio musulmán en la Península Ibérica. A partir de entonces, plaza tras plaza, los cristianos van arrinconando a los reinos mahometanos hasta que en 1492 se completa la Reconquista. La victoria de 1212 es tan relevante para España y para Europa como lo fue en su momento para Grecia la heroica resistencia de Leónidas y sus 300 en la Batalla de las Termópilas. A pesar de ello, las práctica totalidad de las autoridades españolas han preferido ignorar este aniversario, que tan buena referencia moral supone para los españoles en momentos de dificultad como los que vivimos. Y es que la victoria de Las Navas demostró que los españoles, unidos, somos capaces de cualquier cosa, incluso de las que rozan lo imposible. La clave de aquella victoria está en la unidad que lograron entonces los ejércitos hispanos y en el espíritu de sacrificio que demostraron aquellos monarcas, nobles y caballeros en esa carga desesperada hacia la victoria o la muerte: estuvieron dispuestos a entregar sus vidas para impedir que su pueblo fuese sojuzgado y esclavizado, y con ello animaron a quienes ya se pensaban derrotados. Quién tuviera señores así hoy en día.

(Foto: Navarra.es. Fragmento del tapiz de la batalla de Las Navas de Tolosa que se conserva en el despacho presidencial del Palacio de Navarra. La imagen muestra el momento en el que el Rey Sancho VII de Navarra rompe la zona de seguridad formada en torno al real del Miramamolín por esclavos encadenados)

tetradracma de Ptolomeo I (s. IV-III a.C.) con la cabeza de Alejandro Magno

Viajamos a Egipto para mostraros esta tetradracma de Ptolomeo I (s. IV-III a.C.) con la cabeza de Alejandro Magno, y una estatuilla sedente de Isis (s. VII-IV a.C.), con Horus niño sobre las rodillas.

Las dos piezas forman parte de la muestra ‘Cleopatra y la fascinación de Egipto’ que podéis ver en el Centro de Exposiciones Arte Canal. El MAN ha colaborado con el préstamo de una veintena de fondos pertenecientes a los departamentos de Numismática y de Antigüedades egipcias y de Oriente Próximo.

¡No os la perdáis! Estará abierta hasta el próximo 8 de mayo.

"Tetradracma. Ptolomeo I, Alejandría, 305-285 a.C."
"Estatuilla de Isis-Lactante (s. VII-IV a.C.)."

Hyperpyron de Juan III Vatatzés. Magnesia. El Imperio de Nicea

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EMPERADOR: Juan III Ducas
VALOR: Hyperpiron
DIAMETRO: 27 mm.
PESO: 3,35 gr.
METAL: Oro
CECA: Magnesia
REFERENCIA: SB 2073

ANV.: Cristo de frente con nimbo crucífero sentado en trono en actitud de bendecir y con libro en mano. A los lados: IC-XC.

REV.: Emperador de frente con lábaro y akakaia a la izquierda, coronado por la Virgen María que se encuentra a su derecha. Leyenda en vertical a ambos lados:  IW ΔECΠOTH TW ΠΦPOΓ.

Hay que tener en cuenta que estas piezas varían de peso por la pureza del oro con la que se hicieron.
El Imperio de Nicea (en griego: Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων) fue el mayor de los tres estados sucesores griegos bizantinos fundado por la aristocracia del Imperio bizantino cuando Constantinopla cayó en manos de la Cuarta Cruzada en 1204, Teodoro Láscaris, que había escapado a Nicea en Bitinia seguido por algunos de sus partidarios, había establecido un nuevo estado poniendo así las reclamaciones a la continuidad del Imperio bizantino. El estado, cuya capital era Nicea, finalmente se expandió sobre una gran parte de Asia Menor y la Grecia continental, y se extendió sobre los territorios del Despotado de Epiro, otro estado sucesor del Imperio bizantino. Como el estado de Nicea realmente sustituyó al poder imperial y eclesiástico de Constantinopla, atrajo a la mayor parte de los bizantinos de la región y alcanzó un notable desarrollo económico, demográfico y cultural. Sobrevivió en el Asia Menor hasta 1261, cuando el emperador Miguel VIII Paleólogo y el general Alejo Estrategopoulos lograron reconquistar Constantinopla y trasladaron la capital del Imperio.

Fundación

En 1204, el emperador bizantino Alejo V Ducas huyó de Constantinopla en lugar de hacer frente al ejército cruzado. Constantino Láscaris fue coronado en la basílica de Constantinopla, pero poco después, junto con su hermano Teodoro, yerno de Alejo III Ángelo, tuvo que huir a la ciudad de Nicea en Bitinia, al comprender que la situación en Constantinopla resultaba insostenible. Teodoro sustituyó poco después a su hermano en el trono con el nombre de Teodoro I Láscaris.

El Imperio Latino, establecido por los cruzados en Constantinopla, no logró establecer su control sobre el antiguo territorio bizantino, por lo que surgieron estados sucesores del dominio bizantino en Epiro y Trebisonda, así como en Nicea. Pero Nicea era la más próxima al Imperio Latino y se encontraba en la mejor posición para intentar restablecer el Imperio bizantino. Teodoro I Láscaris no logró un éxito inmediato -fue derrotado en Poemaneum y Bursa en 1204, pero sí pudo arrebatarle gran parte de Anatolia noroccidental al emperador latino Balduino I, cuando a éste no le quedó más remedio que defenderse de los ataques de Kaloyan de Bulgaria. Teodoro también derrotó a un ejército trapisondes, así como a otros rivales menores, haciéndose el más poderoso de los estados sucesores bizantinos. En 1206, sintiéndose seguro, se confirmó como emperador coronándose en Nicea.

Durante los siguientes años, se establecieron y rompieron numerosas treguas y alianzas, según se desarrollaban las luchas entre los distintos estados sucesores de Bizancio, el Imperio Latino y los turcos selyúcidas del Sultanato de Rüm (cuyo territorio también era fronterizo con el de Nicea). Teodoro trató de reforzar sus derechos nombrando un nuevo Patriarca de Constantinopla en Nicea. En 1219 se casó con la hija de la emperatriz latina Yolanda de Flandes, pero murió en 1222 y fue sucedido por su yerno Juan III Ducas Vatatzés.

Expansión.

En 1224 el reino latino de Tesalónica fue anexado por el Despotado de Epiro, pero en 1230 el propio Epiro cayó en manos de los búlgaros. Con Trebisonda carente de un poder real, Nicea era el único estado bizantino que quedaba, y Juan III expandió su territorio hasta el mar Egeo. En 1235 se alió con Iván Asen II de Bulgaria, permitiéndole a éste extender su influencia a Tesalónica y Epiro. En 1242, los mongoles invadieron el territorio selyúcida al este de Nicea, y aunque Juan III estaba preocupado tal vez por que sería el siguiente, los mongoles terminaron por eliminar la amenaza selyúcida sobre Nicea. En 1245 Juan se alió con el Sacro Imperio a través de su matrimonio con Constanza II de Hohenstaufen, hija de Federico II. Hacia 1248 Juan había derrotado a los búlgaros y rodeado el Imperio Latino, y siguió reconquistando territorios latinos hasta su muerte en 1254.

Teodoro II Láscaris, el hijo de Juan III, tuvo que hacer frente a invasiones búlgaras en Tracia, pero defendió con éxito su territorio. Epiro también se rebeló, aliándose con Manfredo de Sicilia, y Teodoro II murió en 1258. Juan IV Ducas Láscaris le sucedió, pero como todavía era un niño, reinó bajo la regencia del general Miguel Paleólogo. Miguel se proclamó co-emperador (como Miguel VIII) en 1259, y consiguió derrotar un ataque combinado de Manfredo, el déspota de Epiro y el príncipe latino de Acaya en la batalla de Pelagonia.

Reconquista de Constantinopla

En 1260 Miguel comenzó el asalto de la propia Constantinopla, algo que sus predecesores había sido incapaces de llevar a cabo. Se alió con Génova y su generalAlexios Strategopoulos dedicó meses a estudiar Constantinopla para planear su ataque. En julio de 1261, mientras que gran parte del ejército latino luchaba en otro lugar, Alexios pudo convencer a los guardias de que abriesen las puertas de la ciudad. Una vez dentro, incendió el barrio veneciano (pues Venecia era la enemiga de Génova y en gran medida la responsable de la toma de la ciudad en 1204). Miguel fue reconocido emperador pocas semanas más tarde, restaurando el Imperio Bizantino.

Los habitantes del Imperio restaurado consideraron al Imperio de Nicea como el verdadero sucesor del Imperio Bizantino, aunque aún seguían existiendo el Imperio de Trebisonda y el principado latino de Acaya. Acaya sería pronto reconquistada, pero Trebisonda permaneció independiente hasta la conquista otomana. El Imperio restaurado tuvo que hacer frente desde entonces a la nueva amenaza que representaban los turcos otomanos que surgieron en sustitución de los derrotados selyúcidas.

Ejercito

Siguiendo los cálculos de Warren Treadgold para diversas épocas de la historia del Imperio bizantino, se puede estimar que el total de las rentas públicas de Nicea a mediados del siglo XIII estaba en torno a los 2 millones de monedas de oro, lo que habría permitido al Imperio de los Láscaris sostener un ejército de unos 20.000 hombres. Como era habitual en Bizancio, se trataba de un contingente profesional multinacional cuyo núcleo era el ejército central o Taxeis, fuerza principalmente de caballería que en 1261 estaba integrado por 6.000 hombres distribuidos en 12 allagia (agrupación táctica equivalente al batallón y formado por un número variable de efectivos, entre 300 y 500), a los que se sumaban los aproximadamente 3.000 remeros de las dos docenas de galeras que componían la flota imperial. El resto de las fuerzas estaban destacadas en guarniciones provinciales y en las fronteras. No era, desde luego, un ejército comparable al de los Comnenos en el siglo XII, ni por supuesto a los de los emperadores macedónicos en los siglos IX-XI, pero los enemigos a los que debían enfrentarse tampoco eran mucho más numerosos. En esta época era perfectamente posible realizar una campaña con un contingente de 2.000 ó 3.000 hombres.

Dados los muchos peligros a los que se enfrentaban frente a cruzados, búlgaros, turcos o epirotas, los Láscaris trataron por todos los medios de crear nuevas fuentes de reclutamiento. La pronoia militar recupero protagonismo y se resucitó también el antiguo sistema defensivo de los akritai fronterizos. Buscando una mayor lealtad y un menor coste, Teodoro II (1254-1258) concentró en el taxeis lo más granado de las tropas indígenas bizantinas, pues deseaba levantar un ejército formado fundamentalmente por bizantinos, pero el recurso a tropas extranjeras o mercenarias fue inevitable.

En las huestes de Nicea podían encontrarse, además de griegos, mercenarios alanos (gentes de ascendencia irania, emparentadas con los sármatas y que servían como arqueros de caballería ligera), armenios, cretenses (que a finales del siglo XIII actuaban como tropa de caballería en Asia Menor), georgianos, húngaros, serbios (entre 600 y 1.000 combatieron en las filas de Miguel VIII en la batalla de Pelagonia en 1259) e incluso selyúcidas (nada menos que 5.000 estaban a las órdenes de Miguel Paleólogo en 1262, siendo conocidos como «persas») y mongoles. Pero buena parte del ejército central de Nicea estaba formado por cumanos y -sobre todo-latinos. Los cumanos eran nómadas asiáticos, arqueros a caballo que constituyeron una parte muy importante de los ejércitos bizantinos desde el siglo XI. En 1241, el emperador Juan Vatatzés (1222-1254) estableció como colonos militares a unos 10.000 de ellos en Tracia y Anatolia, donde serían progresivamente helenizados y empleados en varias campañas hasta 1320, año en que pasaron al servicio de Serbia. En cuanto a los latinos, formaban un grupo heterogéneo, donde había ingleses, italianos, alemanes, españoles y franceses. Se trataba fundamentalmente de contingentes de caballería y los Láscaris los emplearon en tal número que Vatatzés creó el rango de megakonostablos para su jefe. Uno de los más distinguidos jefes de las fuerzas mercenarias latinas fue Miguel Paleólogo, el futuro emperador, que tras su ascenso al trono basó sus ejércitos en ellos en tal medida que las arcas imperiales terminaron por resentirse.


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Emperadores de Nicea

Los emperadores de Nicea pertenecen a la dinastía de los Láscaris:
· Constantino Láscaris (1204), aparentemente coronado en Santa Sofía en el momento de la toma de Constantinopla por los cruzados.
· Teodoro I Láscaris (1204-1222), hermano del anterior y yerno de Alejo III.
· Juan III Ducas Vatatzés (1222-1254), yerno de Teodoro I.
· Teodoro II Láscaris (1254-1258), hijo de Juan III.
· Juan IV Ducas Láscaris (1258-1261), hijo de Teodoro II.

Miguel VIII Paleólogo (co-emperador 1259-1261) fue el restaurador del Imperio bizantino, volviendo a tomar posesión de la capital, Constantinopla, e iniciando su propia dinastía, la de los Paleólogos que, salvo el período de los Cantacucenos (1341-1357), dominó el Imperio Bizantino hasta su desaparición en 1453.

Juan III Ducas Vatatzés (en griego: Ιωάννης Γ΄ Δούκας Βατάτζης, trans. Iōannēs III Doukas Vatatzēs; Didimóteico, aprox. 1192 – Ninfeo, 3 de noviembre de 1254) fueemperador de Nicea desde 1221 hasta 1254. Adquiriendo territorios fomentó el crecimiento económico y apoyó el renacimiento cultural de su capital en Nicea, allanando el camino para la recuperación de Constantinopla de los emperadores latinos y el restablecimiento del Imperio bizantino.

Nacido en una familia aristocrática bizantina, se casó con Irene, la hija de Teodoro I Láscaris, emperador de Nicea, convirtiéndose en emperador a la muerte de Teodoro. Una guerra civil estalló cuando los hermanos de Teodoro, Alejo e Isaac, protestaron por la sucesión, pero Juan los derrotó en batalla y ordenó encarcelarlos y cegarlos. Dos años después también derrotó a las fuerzas latinas que apoyaron a sus rivales y se hizo dueño del Asia Menor. Después se enfrentó con Teodoro Comneno Ducas,déspota de Epiro, después que este tomara Tesalónica y se autoproclamara emperador bizantino. Las fuerzas de Juan fueron derrotadas por Teodoro cuando intentaron tomar Adrianópolis ese mismo año. Aliado con el zar búlgaro Iván Asen II, Juan III derrotó a Teodoro en la batalla y el sitio de Constantinopla en 1235. Consciente de la amenaza potencial de Nicea, sin embargo, Asen declaró la guerra a su aliado. Una paz se organizó en 1237, y, cuando Asen murió en 1241, Juan III anexó territorios en Bulgaria y atacó al Despotado de Epiro. Para 1242 había reducido el territorio de Epiro y lo obligó a reconocer la soberanía de Nicea. Juan III promovió el aislamiento de la Constantinopla latina haciendo pactos con los líderes occidentales. Alrededor de 1250 se comprometió a convertirse en vasallo de Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, a cambio de su ayuda en la reconquista de Constantinopla. Aunque el pacto fue sellado por Juan con el matrimonio de la hija del emperador, Constanza, poco vino de su acuerdo. Juan también negoció sin éxito con el papado, prometiendo acabar con el cisma entre las iglesias oriental y occidental si los latinos devolvían Constantinopla.

En la política interna Juan III hizo al Imperio de Nicea económicamente autosuficiente, mejorando la agricultura y la ganadería, construyendo hospitales y asilos, y alentó el desarrollo de la vida cultural de Nicea. Su popularidad entre sus súbditos y su reputación para el bien causaron su canonización como santo de la Iglesia de Oriente medio siglo después de su muerte

Primeros años y ascensión al trono

Juan III Ducas Vatatzés nació en aprox. 1192 en Didimóteico. Su padre, Basilio Ducas Vatatzés, había desempeñado el cargo de domestikos del Este. Su madre Ángelina fue la hija de Isaac, el hijo de Constantino Ángelo y Teodora Comnena, la hija de Alejo I Comneno. Los Vatatzés eran una gran familia militar de Tracia, tenían representantes en el senado y estaban relacionados con otras familias importantes, como los Ducas, Ángelesy los Láscaris. Después de la conquista de Constantinopla en 1204, Juan Ducas Vatatzes fue a Ninfeo, que Teodoro I Láscaris había elegido como la capital del Imperio de Nicea. Gracias a la intercesión de un tío suyo que era sacerdote en el palacio y un asociado del emperador, Juan Vatatzés entró en servicio del emperador. El emperador apreció su talento y su fibra moral, y le otorgó el título de protovestiarios. En 1212, el emperador dispuso que se casara con su hija Irene, y como no tenía otro heredero adulto, designó a Vatatzés como su sucesor. En enero de 1222, después de la muerte de Teodoro, Juan Vatatzés fue coronado emperador por el patriarca Manuel I Charitopoulos.

Reinado

Política externa

Con respecto a su política externa, Juan III Vatatzés generalmente continuó el trabajo de su predecesor, cuyo principal objetivo era la reconquista de Constantinopla y la restauración del Imperio bizantino. Sus principales rivales eran el Despotado de Epiro, el zar búlgaro Iván Asen II, el Imperio latino de Constantinopla, el Sultanato de Rüm y el Imperio de Trebisonda. Su ascensión al trono marcó el fin de la cooperación política de Nicea con los latinos, una política llevada a cabo por su predecesor, Teodoro I Láscaris. Juan III Vatatzés se enfrentó a la rebelión de los hermanos de Teodoro, Alejo e Isaac Láscaris, quienes trataron de deponerlo, con el apoyo de los latinos de Constantinopla. En el contexto de las operaciones militares llevadas a cabo entre 1222 y 1225 logró casi por completo expulsar a los latinos de Asia Menor. En 1224, en una batalla dada en Poimanenon, los latinos fueron derrotados, mientras que los pretendientes al trono fueron arrestados. En el tratado de paz que siguió, los latinos se quedaron con sólo los alrededores de Nicomedia y la costa frente a Constantinopla, mientras que todos los otros territorios de Asia Menor pasaron al Imperio de Nicea. Al mismo tiempo, Vatatzés construyó una fuerte flota que, desde su base en el Helesponto, lanzó sus operaciones navales capturando las islas de Lesbos, Quíos, Samos e Icaria, y luego en 1232-1233, Vatatzés obligó al gobernante de Rodas, León Gabalas, a reconocer los derechos soberanos del emperador sobre la isla. Después de la batalla de Poimanenon el emperador, que residía en Lampsaco por un tiempo a fin de permanecer cerca del teatro de operaciones, dirigió su atención a los territorios europeos. Sus tropas capturaron varias ciudades costeras y entraron en Adrianópolis, a petición de sus habitantes. Pero las fuerzas de Teodoro Comneno Ducas – que había sido coronado emperador en Tesalónica en 1225 – pronto llegó, y las tropas nicenas fueron obligadas a retirarse. Vatatzés luego se volvió hacia el Este, y después de una corta campaña y negociaciones con el Sultanato de Rüm consiguió asegurar su frontera oriental.

Relaciones entre Nicea y Epiro

El déspota de Epiro, Teodoro Comneno Ducas, fue el más grande adversario de Vatatzés. Con el objetivo de recuperar Constantinopla, rápidamente logró expandir su dominio a través de una serie de campañas exitosas. Sus planes, sin embargo, chocaron con los del zar búlgaro, Iván Asen II. Después de haber cancelado la alianza que había firmado con Asen contra Juan Vatatzés, Teodoro declaró la guerra al gobernante búlgaro. En la batalla que tuvo lugar en la primavera de 1230 cerca de Klokotnitsa en el río Evros, Teodoro fue derrotado y sus territorios en Tracia y Macedonia cayeron ante los búlgaros. El Despotado de Epiro finalmente renunció a sus pretensiones al trono de Constantinopla, y ahora estaba bajo el gobierno de Manuel, el hermano de Teodoro. Manuel fue sucedido por el hijo de Teodoro, Juan, en 1242 Juan III Vatatzés lo obligó a reconocer la soberanía del Imperio de Nicea y limitó a sí mismo el título de déspota. Alrededor de 1246, después de la muerte del zar búlgaro Kaliman, el sucesor de Iván Asen, Juan Vatatzés expandió su dominio en la península de los Balcanes, después de capturar las ciudades de Serres, Melnik, Velbazhd (la actual Kyustendil), Skopie, Veles,Pelagonia y Prosakos, expandiendo su dominio en Tracia hasta las fuentes del río Evros y en Macedonia hasta el río Vardar. Finalmente se dirigió hacia el oeste contra Demetrio Comneno Ducas, y en diciembre de 1246 capturó Tesalónica, obligando a Demetrio a someterse. Luego, alrededor de 1247-1248, las fuerzas de Nicea hicieron campaña en Tracia, capturando Tzouroulos y Vize. Después de la batalla de Klokotnitsa, Epiro se separó de Tesalónica, y fue restaurado como un principado independiente bajo el hijo ilegítimo de Miguel I Comneno Ducas, Miguel II Comneno Ducas. Inicialmente Vatatzés buscó desarrollar relaciones amistosas con Miguel II, y entró en una alianza con él, que fue confirmada en 1249 con el matrimonio de su sobrina María con el hijo de Miguel, Nicéforo. En 1251, sin embargo, Miguel II canceló la alianza y actuó agresivamente contra las posesiones nicenas en Macedonia, con el objetivo de capturar Tesalónica. A principios de 1252 Vatatzés hizo campaña en el oeste de Macedonia. Miguel II fue obligado a capitular y firmar un tratado de paz en Larisa. El gobernante de Epiro entregó Veles y Prilepa el emperador de Nicea, recibiendo el título honorífico de déspota a cambio.

Relaciones con Bulgaria

Inicialmente Iván Asen II y Juan Vatatzés estaban en lados opuestos, cada uno tratando de capturar Constantinopla por sí mismo. Los acontecimientos políticos en el Imperio latino de Constantinopla y la ascensión de Juan de Brienne al trono imperial crearon las condiciones ideales para una alianza entre Nicea y Bulgaria. En el invierno de 1233 Vatatzés fue atacado por las fuerzas latinas de Juan de Brienne, pero el ataque fue rechazado. Iván Asen apareció de su lado como el instigador de una alianza antilatina de gobernantes ortodoxos, a la que Manuel de Tesalónica también se unió. En el contexto de las negociaciones, la dirigencia política y eclesiástica de Nicea aceptó la creación de un patriarcado búlgaro, siempre y cuando reconociera la autoridad soberana del patriarcado de Nicea. En la primavera de 1235 la alianza fue firmada en Galípoli, que fue poco tiempo después sellado con el matrimonio del hijo de Juan Vatatzés y heredero, Teodoro, con la hija de Iván Asen, Helena. Los aliados inmediatamente comenzaron las hostilidades contra los latinos y sitiaron Constantinopla por tierra y mar. El Imperio latino se limitó a una pequeña franja de tierra alrededor de Constantinopla. El sitio, sin embargo, no tuvo éxito. En 1236 los aliados trataron de apoderarse de la capital una vez más. Durante el sitio, sin embargo, Asen, temiendo el ascenso de Nicea, canceló la alianza y exigió que su hija, Helena, volviera a su lado. Luego Asen estuvo de parte de los latinos y los cumanos de Macedonia y, alrededor de 1237, comenzó las hostilidades contra Vatatzés, sitiando Tzouroulos, un bastión estratégico.Durante el sitio Iván Asen cambió de idea y, arrepentido, levantó el sitio. Envió a su hija Helena de regreso a Nicea, y firmó un tratado de paz con Vatatzés. En 1241 el gobernante búlgaro falleció. Juan III Vatatzés, deshaciéndose de todos sus peligrosos enemigos, renovó el pacto con el joven heredero de Iván Asen, Kaliman Asen I.

Relaciones con Federico II

La principal preocupación diplomática de Juan Vatatzés fue el acercamiento con el emperador alemán Federico II Hohenstaufen y una alianza con él. Ambos gobernantes se unieron en su lucha contra los latinos. Federico apoyó los esfuerzos bizantinos para capturar Constantinopla y en 1236 canceló la cruzada que el papa Gregorio IX había organizado contra Vatatzés, a causa de las hostilidades de Juan III contra los latinos. Juan Vatatzés a su vez se puso del lado de Federico en su conflicto con el papa. Después los dos gobernantes firmaron una alianza en 1244 mediante el matrimonio entre Juan Vatatzés con Constanza, la hija ilegítima del emperador alemán, que luego adoptaría el nombre bizantino de Ana. Esta alianza, sin embargo, no trajo ningún beneficio significativo al Imperio de Nicea, a pesar de que ayudó a establecer su presencia en la escena diplomática internacional. El emperador de Nicea mantuvo relaciones diplomáticas con la dinastía alemana, incluso después de la muerte de Federico, durante el reinado de Conrado IV.

Relaciones con el Vaticano

Las relaciones de Nicea con el Vaticano se pueden dividir en dos fases. Durante la primera fase, Gregorio IX fue el papa en Roma, mientras que Germano II fue el patriarca de Nicea. En la segunda fase, los protagonistas fueron el papa Inocencio IV y el patriarca Manuel II. La iglesia papal pretendía subordinar la iglesia oriental, mientras que el principal objetivo de Juan Vatatzés era la reconquista de Constantinopla.

Ambas partes estaban dispuestas a hacer algunas concesiones con el fin de lograr sus objetivos. Los primeros contactos tuvieron lugar en Nicea en 1232. En 1234, los delegados de las dos iglesias se reunieron por primera vez en Nicea y luego en Ninfeo. Negociaron las cuestiones relacionadas con la unión de las Iglesias. Las cuestiones dogmáticas también se discutieron en profundidad. Los clérigos ortodoxos, siendo su principal representante Nicéforo Blemmydes, rechazaron las enseñanzas latinas sobre el fuego del purgatorio, mientras que respecto a la muy controvertida cláusula filioque, sugirieron la expresión «del padre por el hijo» en su lugar. Finalmente las negociaciones llegaron a un punto muerto, pues el papa no estaba de acuerdo con la condición establecida por Juan Vatatzés, es decir, que no se enviaran refuerzos a los latinos de Constantinopla.1 En 1236, con ocasión de las hostilidades de la alianza de los bizantinos y los búlgaros contra los latinos de Constantinopla, las relaciones de Nicea con el Vaticano se deterioraron.

En 1241, sin embargo, el emperador latino Balduino II de Courtenay y Juan Vatatzés firmaron un tratado de paz. En 1243 los contactos con la Iglesia Católica Romana comenzaron de nuevo sobre una nueva base. El nuevo papa Inocencio IV fue muy enérgico y parecía interesado en aceptar los términos que Nicea había establecido con el fin de lograr la unión entre las Iglesias. Al mismo tiempo, el emperador de Nicea parecía haber aceptado la idea de subordinar la Iglesia a la Curia Papal a fin de alcanzar su propósito, la reconquista de Constantinopla. Durante este período, el acercamiento fue mayor que nunca.14 Sin embargo, los acontecimientos políticos y el desacuerdo del patriarca en cuestiones dogmáticas retrasaron las negociaciones. El debilitamiento total del Imperio latino, y el establecimiento de la dominación de Juan Vatatzés llevó al gobernante de Nicea a rechazar la propuesta papal.14 Las negociaciones finalmente cesaron después de las muertes casi simultáneas de Juan Vatatzés, Inocencio IV y el patriarca Manuel II.

Relaciones con el Sultanato de Rüm

Las relaciones de Nicea con el Sultanato de Rüm durante el reinado de Juan Vatatzés fueron pacíficas, basadas en el respeto de las fronteras establecidas alrededor de 1230. En 1242 losmongoles invadieron Asia Menor y amenazaron con destruir el Imperio de Trebisonda y el Sultanato. Esto causó gran conmoción en la región y fue la causa de un acercamiento en forma de alianza entre Nicea y el Sultanato. Juan Vatatzés temía que la probable caída de Iconio pudiera dejar su Estado directamente expuesto a los ataques mongoles, por lo que interrumpió su campaña en Tracia y Macedonia y se apresuró a regresar a Nicea. En 1243 se reunió con el sultán de Rüm Kaikosru II en Tripolis en el río Menderes, y firmaron una alianza. Los selyúcidas fueron amenazados por las incursiones mongolas. En 1244 fueron derrotados y se convirtieron en tributarios, sin embargo, los mongoles dejaron Asia Menor de forma inesperada. A pesar de que de Nicea se vio obligado a pagar un tributo, estos acontecimientos beneficiaron a Juan Vatatzés. El Sultanato de Rüm, debido a que estaba destruida, no pudo ser considerado más una seria amenaza, ya que se enfrentaba a una grave escasez de alimentos, y se vio obligada a importar sus necesidades desde Nicea con precios bastante altos.

Política interna

Al comienzo de su reinado, Juan Vatatzés tuvo que hacer frente a los movimientos autonomistas e insurrecciones en sus provincias orientales y occidentales, como la rebelión de Manuel Maurozomes y la rebelión de los hermanos Andrónico e Isaac Nestongos, y tomó medidas para garantizar su estricto control sobre la aristocracia en la corte y los gobernadores provinciales. Su política interna fue muy exitosa. El emperador prestó especial atención al desarrollo social y, principalmente, a los asuntos económicos. También reorganizó el ejército, tomó medidas para asegurar la coexistencia armoniosa del estado con la Iglesia y apoyó el florecimiento cultural.


Estructura social y económica

Su exitosa política expansiva produjo la anexión de nuevas regiones al imperio. Es muy probable que los gobernadores de los territorios que se incorporaron en el sistema administrativo imperial gozaran de una amplia autoridad. Vatatzés mostró un especial cuidado en limitar los abusos de las autoridades, y aseguró la correcta administración de justicia. Su política de nombramiento de personas de ascendencia no aristocrática en los puestos administrativos fue pionera, causando mucho resentimiento entre los miembros de la aristocracia. También es destacable que contara en gran medida con el apoyo de la aristocracia militar. El éxito de supolítica interna, sin embargo, fue principalmente el resultado de sus medidas económicas y agrarias. Sus acciones en este campo se encaminaron a lograr la autosuficiencia económica y la mejora de la producción interna, así como a disminuir la importación de productos extranjeros, especialmente los bienes de lujo occidentales. En su política social, tomó medidas para mejorar la calidad de vida de la población rural y ciudadana. Realizó un censo y otorgó a cada sujeto del imperio una parcela de tierra. Hacia el final de su administración, también requisó los bienes muebles e inmuebles pertenecientes a los grandes terratenientes y la nobleza, lo que provocó su descontento. Según las fuentes Vatatzés llevaba una vida muy frugal, y tomó medidas adicionales para reducir el gasto excesivo de la riqueza privada y, además, con el fin de establecer firmemente la justicia social en su Estado, tomó medidas contra la explotación de los pobres. Emitió un novellae mediante el cual abolía el sistema de apropiación indebida, que practicaban los toparcas en ese momento.50 Estas medidas fortalecieron la economía del imperio y el estado fue mucho más fuerte que en la época Comnena.

Actitud de Vatatzés hacia la Iglesia

En el contexto de su amplia política social, Juan Vatatzés también se dio cuenta de la débil función de la iglesia. En 1228 emitió un novellae con el que prohibía la interferencia de las autoridades políticas en la sucesión eclesiástica. También hizo generosas donaciones a las instituciones eclesiásticas y mando a reconstruir los templos existentes y construir otros nuevos, como elmonasterio de Sosandra en Magnesia

Ejército

Juan Vatatzés hizo un esfuerzo especial para construir el ejército del país, cuyo núcleo seguía estando compuesto por mercenarios, principalmente latinos organizados en losLatinikon. La concesión de pronoia de tamaño mediano a los militares contribuyó a la formación de un ejército más fuerte, mientras que la construcción de fortalezas en la frontera, así como las reparaciones en las fortificaciones de muchas ciudades (por ejemplo, de Esmirna) contribuyeron a la mejora de la capacidad defensiva de Nicea. Con el fin de lograr la mejor dotación del ejército, el emperador permitió el asentamiento de pueblos extranjeros, principalmente cumanos, en las regiones fronterizas de Tracia, Macedonia y Frigia, a cambio de sus servicios militares. Los mercenarios cumanos, que son referidos generalmente como «escitas» por los bizantinos, formaron los llamados Skythikon.

Ya desde los primeros años de su reinado, Juan Vatatzés dio prioridad a la reorganización de la armada. El papel de la flota fue decisivo en los esfuerzos para anexar las islas del Egeo, de las cuales la más importante fue Rodas, pero también en el apoyo de las campañas de tierra de Nicea en Macedonia, y especialmente en Tesalónica. El megaduque estuvo a cargo de la armada, mientras que el megas domestikos estuvo a cargo del ejército.

Ciencias y artes

Juan Vatatzés, a pesar de sus constantes e intensos compromisos militares y diplomáticos, vio las necesidades intelectuales del imperio.

Fundó bibliotecas en los centros urbanos y fomentó las ciencias y las artes, y el aprendizaje en general.

Estaba muy interesado en la colección y copia de manuscritos. El principal representante del movimiento de educación en el siglo XIII, el erudito, escritor y maestro Nicéforo Blemmydes, vivió durante su reinado.
Entre los estudiantes de Blemmydes estaban el heredero de Vatatzés, el sabio Teodoro II Láscaris, así como el historiador y estadistaJorge Acropolita. Las fuentes abundan en referencias a la gran preocupación del emperador para el desarrollo de la vida intelectual de su estado. Promovió la creación de centros de aprendizaje, especialmente de estudios seculares, mientras que las instituciones educativas superiores fueron organizadas.

Fallecimiento
En 1253, después de una campaña contra el gobernante de Epiro, Miguel II, la salud del emperador, (que sufría de epilepsia) se deterioró.61 Murió el 3 de noviembre de 1254 en Ninfeo y fue enterrado en el monasterio de Sosandra cerca de Magnesia.

Canonización

Su sensibilidad hacia las clases sociales bajas y sus políticas beneficiosas le valieron a Juan Vatatzés el respeto y el amor del pueblo. Según la tradición popular, pocos años después de su muerte fue canonizado como un santo. Jorge Acropolita menciona que el pueblo vio a la construcción de un templo en su honor en Ninfeo, y que su culto como a un santo se extendió rápidamente al pueblo del oeste de Asia Menor. El culto al santo emperador sobrevivió hasta los años modernos, principalmente en la metrópoli de Éfeso. La iglesia nunca reconoció formalmente a Juan Vatatzés como un santo, sin embargo, en el menologio hay una referencia a la conmemoración de «Juan Ducas Vatatzes» el 4 de noviembre.

Legado

El completo acuerdo de las fuentes de la época sobre la valoración de Vatatzés y su obra es impresionante. Los poetas (por ejemplo, Nicolás Irenikos), historiadores y escritores de prosa (por ejemplo, Nicéforo Grégoras, Jorge Acropolita) destacan las cualidades excepcionales del emperador, ensalzando sus virtudes y su estilo de vida simple.

De hecho, durante su reinado, el Imperio de Nicea duplicó su territorio, se convirtió en el personaje más poderoso en la escena política internacional, mientras que en lo interno el Estado experimentó una edad de oro, cada vez más próspera y culta.

Aunque no logró cumplir su objetivo final, la reconquista de Constantinopla (esto se realizó siete años después de su muerte por Miguel VIII Paleólogo) Vatatzés fue sin duda el que efectuó todos los requisitos necesarios para larecuperación del trono de Constantinopla y la restauración del Imperio bizantino.

Matrimonio y descendencia

Juan III Ducas Vatatzés se casó primero con Irene Láscarina, la hija de su predecesor Teodoro I Láscaris en 1212. Tuvieron un hijo, el futuro de Teodoro II Ducas Láscaris, pero Irene se cayó de un caballo y estaba tan gravemente herida que no pudo tener más hijos. Se retiró a un convento, tomando el nombre monástico de Eugenia, y murió en 1239. Juan III se casó por segunda vez con Constanza II Hohenstaufen, la hija ilegítima del emperador Federico II con su amante Bianca Lancia. No tuvieron hijos.

Espero que os guste.

Un saludo