José Fernández Perito Judicial en arqueologia y tasador de antiguedades.

José Fernández Perito Judicial en arqueologia y tasador de antiguedades.

Un viaje a nuestro pasado

CUEVA DEL TORO, Benalmadena, Málaga

La cueva esta ubicada en el monte Calamorro, a 500 mts sobre el nivel del mar, se encuentra a los pies de un farallón rocoso. La cueva fue descubierta en 1.969 por un vecino de Benalmadena, varios años mas tarde M.Giménez Gómez y J.Fortea Pérez realizaron los primeros estudios, desvelando en su interior pinturas rupestre. Según el estudio que realizaron el panel principal esta compuesto por un bóvido acéfalo y puntos negros (hoy en día todo el panel donde se encuentra esta lleno de grafitis), el resto de pinturas son puntos y pequeños trazos en color rojizo.

En nuestra visita inspeccionamos la cavidad intentando localizar y fotografiar todas las zonas donde se hayan las pinturas. El estado general de las pinturas es delicado, pues la mano de desaprensivos ha llenado de graffitis casi todos los paneles donde se localizan las figuras.

Panel principal donde se encuentra el bóvido acéfalo y los puntos negros, ademas de las pintadas con pintura negra sobre el panel rupestre.

Fotografía tratada digitalmente para borrar las pintadas.

Gracias a los programas informáticos en esta foto podemos observar el panel tal como era sin los graffitis, el estado de conservación de las pinturas es malo debido a la capa de calcita que los cubre, el panel donde se encuentra el bóvido acéfalo y los puntos negros no tiene ninguna protección contra los medios climáticos (humedad, agua de lluvia, etc), sin contar la de los desaprensivos que pueden acceder ala cueva sin ningún problema pues aunque tenga una reja con puerta y su llave se puede acceder por la parte izquierda de la misma ya que esta arrancada. Pienso que dado el valor artístico que se le otorga a dicha cavidad, el Ayuntamiento debería mantener la reja de acceso, para tener una entrada controlada, si no con el tiempo y la mano del hombre desaparecerán las pinturas parietales.

Composición y degradación de la roca.

Las formaciones rocosas que conforman la cueva del Toro son del tipo mármol dolomítico muy puro, en la superficie de la piedra se han encontrado importantes cantidades de fe (hierro).

Los problemas que encontramos en las pinturas con el soporte que las sustentan son:
– La roca se encuentra húmeda por el agua que circula por los poros de la roca.
– La descamación de la roca con los desprendimiento de plaquetas de roca arrastrando consigo la pintura que en ella se encuentra.
– El hundimiento o desprendimiento de bloques donde se han podido encontrar pinturas.
– Las concreciones químicas de calcio cubren las paredes recubriendo las pinturas.
– Microorganismos e invertebrados como aracnidos, murcielagos ademas de los hongos y bacterias.
– Y por ultimo la mano del hombre.

Las Pinturas Rupestre de la Cueva del Toro.

A continuación expongo las fotografías con las pinturas que pudimos ver en la cueva, alguna de ellas están tratadas digital mente para mejorar su visión, debido a su mala conservación no serian apreciables al ojo humano.

La pinturas rupestres se distribuyen en varios grupos por toda la cueva.

Cuadro Cronológico de A.Leroi-Gourhan.

– Grupo I (F.1) el panel de bóvido acéfalo color rojo intenso y puntuaciones color negro que no se aprecian bien. La figura del bóvido tiene bien marcada la curva cérvico dorsal y la zona de la mandíbula inferior, los cuartos traseros están iniciados, pero le falta el dibujo de la cabeza. Esta figura que según los estudios la podemos enmarcar en el periodo Solutrense (26.000-16.500 a.n.e.) del Paleolítico superior. Las dimensiones aproximadas del bóvido son de 55 x 45 cms. Estilo II-II según A.Leroi- Gourhan.
– Grupo II (F.2) panel de la entrada donde encontramos trazos verticales paralelos entre si, de color rojizo. Aunque para mi, diría que es oxido de hierro que corre por una colada estalacmitica que se forma desde el techo.
– Grupo III, (F.3-F.4-F.5-F.6) formado por el resto de trazos dispersos, puntuaciones, pequeños trazos y figuras sin definir.
En mi opinión los grupos II y III, puntos y trazos, también podrían estar enmarcado en un periodo mas actual que el Solutrense por la similitud con las pinturas esquemáticas del Calcolítico o Bronce, (arte Levantino y arte Sureño).

Detalle del bóvido acéfalo. (F-.1)
Calco  realizado por Fortea y Gimenez. 72-73.

En esta foto se ha delimitado todo el perfil del bóvido acéfalo y remarcado los puntos negros en la zona delantera, para su mejor apreciación, pues la capa de calcita y la mano del hombre hacen que ya prácticamente no se aprecien.

Grupo II. Trazos paralelos en la entrada. (F-.2).
Trazos remarcados.
Punto rojizo, (F.3).
Varias puntuaciones color rojizo (F.4).
Punto aislado color rojizo (F.5).
Las flechas nos indican donde podemos ver varios trazos y puntos rojizos (F.6).


La Cueva.

Planta de la cueva, dibujo de Fortea y Gimenez. 1972-73.

La entrada a la cueva es a través de un angosto paso de unos 2 mts de ancho por unos 0,95 mts de altura, la entrada tiene colocada una reja que en su parte izquierda esta rota permitiendo el acceso.
En la mayor parte del piso de la cavidad encontramos gran cantidad de sedimentos, a simple vista se observa que en algunos puntos puede llegar a tener una sección de mas de un metro, se aprecian signos de expolio en varias zonas de la cueva.

A continuación una serie de fotografías de las distintas salas y partes de la cueva, realizadas el día 25/02/14.

Bibliografia:

– JAVIER FORTEA PÉREZ y MANUEL GIMÉNEZ GÓMEZ, La Cueva del Toro, Nueva Estación Malagueña con Arte Paleolítico. 1972.
– Pinturas rupestres de la Cueva del Toro, Periodo Solutrense-Magdaleniense, Benalmadena, Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, 2005.
– La Pintura Rupestre Esquemática en España, Pilar Acosta. Martinez, 1968.

Agradecimiento por la información al Blog:
caminandoporlaprehistoria.blogspot.com.es

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José Fernández Pèrito judicial en arqueología y tasador de antiguedades

José Fernández Pèrito judicial en arqueología y tasador de antiguedades

Un tesoro en la recámara del Arqueológico

Reabierto hace un año tras una drástica remodelación, el Museo Arqueológico Nacional ya no solo vive de la ‘Dama de Elche’

La nueva presentación de sus fondos y la exposición de la ‘Mercedes’ ha disparado las visitas de 150.000 a cerca de un millón

En su cámara acorazada se conserva una de las colecciones numismáticas más sobresalientes de Europa: 300.000 monedas reunidas.

Museo Arqueológico Nacional

El dinero es más viejo que la democracia. El estátero de Mileto procede de un mundo tan arcaico que la filosofía acababa de nacer, gracias a cuatro curiosos que buscaban el origen de todas las cosas, y los atenienses todavía no habían inventado el gobierno del pueblo. Comenzó a circular entre el 600 y 575 antes de Cristo, con los griegos comerciando a todo trapo y estableciendo una suerte de franquicias de sus ciudades por el Mediterráneo. Es la pieza más antigua de la colección numismática del Museo Arqueológico Nacional (MAN) y una de las más primitivas de la historia. Hasta que los griegos de Asia Menor (actual Turquía) comenzaron a adjudicarles un valor de pago a metales tallados, la humanidad básicamente hacía trueques y pagos en especie.

En estos últimos 2.600 años ha habido otros dólares y otros euros. El denario romano, el dírham de Al Andalus, el ducado veneciano o el real de a ocho hispano circularon fuera de sus fronteras naturales como una muestra del poderío de los imperios a los que representaban. Para saber quién mandaba, convenía echar un vistazo a las carteras de la época. Una moneda era algo más que dinero. Era también una eficaz arma de propaganda política y un indicador cultural, capaz de anticipar que el Renacimiento estaba a la vuelta de la esquina.

“No hay nada anecdótico en una moneda”, precisa Paula Grañeda, técnica del departamento de Numismática del Arqueológico, que conserva, estudia y custodia una excepcional colección formada por 300.000 piezas, una de las más importantes junto a la del British Museum. Un tesoro apenas conocido, que hunde sus raíces en el siglo XVIII, cuando el primer Borbón que reinó en España, Felipe V, ordenó crear una Biblioteca Real abierta a un público restringido –ni mujeres ni menesterosos– que incluía un gabinete de curiosidades al que iban a parar las monedas, medallas, esculturas y piezas arqueológicas. “Las monedas hablan y ponen rostro a los personajes a los que se refieren las fuentes escritas, por eso las bibliotecas las incorporan a sus colecciones”, señala Carmen Marcos, subdirectora del museo, que supervisó el traslado a España de las 600.000 monedas que la empresa Odyssey había expoliado de la fragata Mercedes.

Museo Arqueológico Nacional
Una de las bandejas del interior de la cámara acorazada. ULY MARTÍN

En 1715 la colección contaba con unas 20.000 piezas. Desde entonces se ha multiplicado quince veces gracias a compras, donaciones y hallazgos arqueológicos. Del monetario de madera se ha pasado a la cámara acorazada, diseñada como un guante a medida. Aprovechando la profunda transformación del Arqueológico, convertido en el museo de moda desde su reapertura el 1 de abril de 2014 (ha pasado de 150.000 visitas en 2010, último año antes del cierre, a rozar el millón), se construyó la cámara, que mantiene unas condiciones estables (23-25 grados de temperatura y 30%-35% de humedad), suspendida sobre vigas capaces de soportar las ocho toneladas de unos fondos que han conocido horas de euforia (expediciones científicas del XIX) y horas de miedo (dos guerras civiles).

En dos días de noviembre de 1936 se desbarataron años de coleccionismo. El Gobierno republicano se incautó de las monedas de oro del museo que, junto al tesoro de los quimbayas colombianos, se embarcarían en el Vita hacia México por orden del presidente Juan Negrín para financiar necesidades de los exiliados españoles. El patrimonio de los quimbayas se recuperó, pero las 2.796 piezas de oro (griegas, romanas, bizantinas, visigodas, árabes y medievales) no retornaron jamás.

De la requisa se salvaron tres joyas, escondidas por funcionarios en distintos despachos. Hoy siguen siendo el trébol de honor del museo, visibles en su exposición permanente: el cuaternión de Augusto, la gran dobla de Pedro I el Cruel y el centén de Felipe IV. Marketing en estado puro. El primer emperador de Roma agudizó al máximo su sentido de la propaganda. Después de humillar en el campo de batalla a Marco Antonio y Cleopatra en el 27 antes de Cristo se encargó de airearlo para la posteridad en un cuaternión de oro: en el anverso refulge su juvenil perfil circundado por las palabras emperador y césar; en el reverso se talló un hipopótamo, símbolo del Nilo, junto a dos palabras telegráficas. Y lapidarias: ‘Egipto conquistado’.

Museo Arqueológico Nacional
La cámara acorazada del Arqueológico, donde se conserva una colección de 300.000 piezas, está suspendida sobre vigas capaces de soportar ocho toneladas de peso. ULY MARTÍN

En 1360 Pedro I el Cruel tampoco se quedó corto. Para festejar su victoria en la batalla de Nájera frente a su hermano ordenó emitir la gran dobla de oro, que regaló a los nobles que le habían secundado. Y en 1633 Felipe IV acuñó la pieza de mayor valor y más peso de la historia monetaria española: el centén de 338 gramos. Cuarto y mitad de oro. Eran los días de vino y rosas del imperio de los Austrias.

“La moneda es un fuerte instrumento de propaganda política al servicio del poder, da información sobre aquello que quiere transmitir”, sostiene Javier Santiago, catedrático de Epigrafía y Numismática de la Universidad Complutense. “En el siglo XVIII”, añade, “Felipe V sigue incluyendo en su escudo de armas los territorios europeos que ya había perdido en el norte de Europa, con lo que nos informa sobre sus reivindicaciones territoriales”. De Franco solo hay dos retratos. “Uno de Benlliure, que dura hasta 1966, y luego otro que ya le muestra como un ancianito venerable”.

Por la expansión de una moneda se mide la potencia. La andalusí, por ejemplo. “Se ha encontrado plata acuñada en el califato de Córdoba en Polonia. Los cristianos castellanos empiezan a acuñar en el siglo XII, mientras que los árabes lo hacían desde 711 en cecas móviles que movían con el Ejército para pagar a los soldados”, cuenta Paula Grañeda, especialista en la notable colección andalusí. Tiempos medievales más avanzados de lo que se presume, con monedas bilingües, en latín y árabe.

“Hablan y ponen rostro a los personajes a los que se refieren las fuentes escritas, por eso las bibliotecas las incorporan”, dice Carmen Marcos

La moneda –que había nacido, recuerda Marta Campo, presidenta de la Sociedad Iberoamericana de Estudios Numismáticos, porque “el Estado necesitaba hacer pagos y crea un sistema práctico en el que da un valor determinado a un trozo de metal, al que se pesa y al que se le da la garantía oficial”– se transformó tras la Primera Guerra Mundial. Los metales valiosos se sustituyeron por materiales menos nobles y menos escasos (en la actualidad se usan aleaciones de cuproníquel –cobre y níquel–, acmonital o el oro nórdico de los 20 céntimos de euro). Se esfuma entonces el valor intrínseco. En su lugar apareció el acto de fe, “el valor fiduciario”. Todos hacemos que creemos que un papel vale en verdad 50 euros.

Atentar contra el dinero garantizado por el Estado sigue persiguiéndose, aunque ya no se paga con la vida. “Era un delito de lesa majestad”, subraya Montserrat Cruz, técnica de Numismática del Arqueológico, “era el pilar del sistema económico. Cuando la falsificación era muy frecuente, el sistema se caía”. El gran maestro del trilerismo monetario fue el alemán Carl Wilhelm Becker. El grabador falseó monedas tan concienzudamente que las colocó en casi todos los museos de fuste, que se vieron obligados a elaborar un inventario de obras fraudulentas.

No solo las falsas se retiran de la circulación. Los tipos, los diseños y los materiales cambian. Aunque hay monedas con varias vidas. La blanca, usada en la Castilla del siglo XIV, fue desplazada por el maravedí en tiempos de Felipe II. Se despreció por antigua y poco valiosa. Pero ella resiste en el día a día: “Estamos sin blanca”.

Museo Arqueológico Nacionalver fotogalería
La peseta del Gobierno Provisional, nacida en 1869. MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL